Aunque en lo personal he intentado mantenerme al margen de la opiniones políticas, no puedo-ni debo-sustraerme de los recientes acontecimientos que afectan la vida pública de Nayarit. Este estado autodenominado de una forma involuntariamente humorística como el «Gigante Dormido», hoy parece más bien un rehén de intereses oscuros. Me veo obligado a emitir esta opinión porque, en un contexto donde la gran mayoría de los medios de comunicación dependen de subsidios y convenios con el gobierno estatal, el silencio se impone como línea editorial. La prensa libre ha sido sustituida por boletines disfrazado de periodismo, en una dinámica que nos recuerda que primero comer que ser cristianos.

El cúmulo de indicios, testimonios y documentación revelada en los últimos días por la prensa nacional y que «casualmente no se publíca localmente», nos hace presumir, con muy poco margen de error, que el Gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero está efectivamente involucrado en la red de «huachicol fiscal» que, según diversas investigaciones periodísticas, incluyen también a los mandatarios de Sinaloa y Tamaulipas. No estamos hablando de rumores ni de guerra sucia, sino de una estructura compleja de evasión y facturación falsa que habría operado con protección política desde lo más alto del poder. Ante tal panorama, guardar silencio no sólo sería irresponsable, sino cómplice.

Aún más grave resulta que el mismo mandatario haya sido incluido en la lista del Departamento de Estado de los Estados Unidos como una de las personas no elegibles para recibir visa de ingreso a ese país, por motivos relacionados con corrupción significativa. Esta decisión no es menor: se trata de un mensaje diplomático duro y directo, que coloca a Nayarit en una lamentable posición internacional y confirma lo que muchos temían pero pocos se atrevían a decir: que en el corazón del poder local se han instalado prácticas incompatibles con la legalidad y la decencia pública.

Y así, entre escándalos y listas negras, algunos todavía insisten en que Nayarit es un lugar mágico. Puede que lo sea, pero la única semejanza que tiene con Disneylandia es el nombre del personaje principal: Mickey. Y a diferencia del ratón simpático, este parece rodeado de sombras más que de fantasía….